Cook Art, Culture

Un menú daliniano con estrella

Dalí: Retrato de Gala con dos costillas de cordro en equilibrio sobre sus hombros (1933)

“La belleza será comestible o no será”, sentenció Dalí. Y realmente, los alimentos siempre estan muy presentes en la obra del pintor surrealista de gustos más gourmets que Picasso, que a los 6 años quería ser cocinero. Por ello, coincidiendo con la muestra del MNAC que reivindica la personalidad artística de su esposa, Gala, no podía faltar en su restaurante, Òleum, un menú degustación basado en el mundo daliniano, que firman Fina Puigdevall y su hija Martina (Les Cols) hasta el 14 de octubre.

Retrato de Dalí firmado por Philippe Halsman junto con plato Bigotes de chocolate con bizcocho de miel de Fina Puigdevall en el restaurante Oleum. Foto: Alba Danés

Hay platos que remiten a la personalidad del artista: su bigote “afilado, imperialista y ultraracionalista” aparece en un postre de chocolate junto a un bizcocho de miel, que atraería las moscas que Dalí adoraba que se le colaran en la boca mientras pintaba: “las moscas de Portlligat que se pasean por detrás de las hojas de los olivos van vestidas como por Balenciaga: son limpísimas y maravillosas.”

Mar y montaña, pollo con cigalas de Fina Puigdevall en el restaurante Oleum. Foto: Alba Danés

No falta el aceite de oliva virgen, que el pintor usaba cuando aún no estaba ni de moda, ni cigalas que remiten a la pasión del pintor por conchas y esqueletos, ni tampoco platos inspirados en cuadros.

Dalí: La persistencia de la memoria (1931)/ Queso blando de tilos, mermelada de frambuesa, frambuesa liofilizada Foto: Alba Danés

Como el de queso camembert con mermelada de frambuesa y frambuesas liofilizados (porque un humilde camembert le dio la idea de los relojes blandos) y las cerezas, presentes en obras como Seis apariciones de Lenin sobre un piano de cola (1931).

Dalí: Seis apariciones de Lenin sobre un piano de cola (1931) / Cerezas, menta y anís de Fina Puigdevall en el restaurante Oleum. Foto: Alba Danés.

La cocinera de Olot se siente cercana a la artista, que compartió escuela en Figueres con su abuela ( “ella lo recordaba sencillamente como el hijo del notario”), y ya participó en 2004 en un homenaje gastronómico en el entonces Ritz para conmemorar el centenario de su nacimiento. Había cocineros como Jaume Subirós, del Motel de Figueres, de donde era cliente Dalí, que sirvió las ingeniosas espinas de anchoa que creó su suegro, José Mercader, un pionero de la vanguardia gastronómica. Un aperitivo perfecto, sostenible, crujiente y marinero que inspiró un plato a Joan Roca: espina de anchoa con tempura de arroz de Pals. Puigdevall también las incorpora al que tiene previsto que sea su último menú en el MNAC.

Espinas de anchoas fritas con garum de Fina Puigdevall en el restaurnte Oleum. Foto Alba Danés

Sólo faltan ranas saltando por las tablas como en la cena que el pintor montó en 1941 en Hollywood para comensales como Bob Hope y Clark Gable.

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